miércoles, 5 de marzo de 2008

Sobre la lectura de los textos - 1

Un texto con pretensiones académicas posee características que pueden volverlo denso. Un texto con pretensiones académicas no puede ser leído como se lee un periódico. Un texto académico involucra compromiso por parte del lector, involucra la puesta a prueba de pretensiones de conocimiento que difícilmente serán verdaderamente debatidas en un acercamiento superficial.


Para abordar un texto académico es necesario conocer la tradición de la que forma parte, con esto no quiero decir conocer la tradición por conocer la tradición, si no acercare al sistema de creencias del cual proviene el texto, a las perspectivas que a generado en el mundo académico, acercarse a los puntos fuertes y débiles de la teoría que se pretende estudiar.


Las teorías son teorías, conocimiento especulativo, no verdad absoluta. Generalmente un autor a lo largo de su vida se acerca a diferentes ideas, pretende explicar su realidad. En algunos casos de forma acertada, en otros no. Son lo aciertos los que deben ser estudiados, no lo errores.


Un conocimiento atinado de los aspectos que he mencionado no se logra con una lectura de fin de semana. Es necesario un compromiso con el texto, en algunos casos cuestión de semanas, en otros meses o años.


Repito, un texto académico no se lee como se lee un periódico. La aceptación o no de la teoría expuesta no depende del sistema de creencias del lector, si no del resultado del nuevo conocimiento ante el juicio de la razón, de su paso por el proceso de la comprensión, única manera de obtener un conocimiento más o menos objetivo.

2 comentarios:

Ronald Adolfo Orellana. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
el dentífrico desde abajo dijo...

estudiar sólo el acierto y no el error más bien parece un error de método.
y cuando decis que "la aceptacion de la teoria propuesta depende del resultado de la nueva propuesta ante el juicio de la razon" creo que estás soslayando o bien, dándole atributos "universales" a la razón, cuando la Razón más parece una putilla de la historia...
Saludos